Análisis God of War III

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Escrita por el 28 de marzo de 2010. En Análisis, Playstation 3.

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God of War, cuantos recuerdos vienen a mi memoria al pensar en esta saga nacida en 2005 para Playstation 2. Esta primera entrega se hizo famosa gracias a su genial ambientación, mezcla de géneros, brutalidad y bestialidad y un gran argumento aparte de contar con uno de los personajes más carismáticos de la negrita, en su conjunto lograba una aventura inmensa e inolvidable y pese a que no era precisamente original en su planteamiento, si era muy particular en su terminación con esa ambientación basada en la mitología griega y su particular visión sobre ésta.


Un par de años después pudimos ver God of War II, que si bien parecía imposible que superara a su anterior entrega sin contar, además, con David Jaffe, lo hicieron y vaya si lo hicieron, cogieron la fórmula del primer God of War y al contrario de lo que pudiera parecer, no mejoraron los combos ni los ataques ni la bestialidad en conjunto de la primera obra, si no que cogieron esos elementos y añadieron mucha más variedad al conjunto, plataformas, puzzles todo mezclado, no existía una barrera entre todos estos géneros que pudiera parecer que jugáramos a juegos distintos, no, todo estaba mezclado con tal maestría que terminaba siendo una genial aventura que no cojeaba por ningún lado donde no sobraba nada, donde nunca se notaba un ápice de repetitividad en su desarrollo y finalmente terminó siendo uno de los mejores juegos de PlayStation 2 y una de las mejores aventuras en general de la historia de los videojuegos, a pesar de que haya gente que se empeñe en tachar esta saga de Beat’m up.

Ahora llega su tercera entrega tres años después de acabar ansiosos la segunda entrega con un final claramente abierto. Pero… ¿sorprende tanto como los anteriores? ¿Les iguala o les supera? ¿Consigue esa gran mezcla de géneros como los anteriores? Responderé a esas preguntas en el análisis.

Justo donde acaba God of War II, empieza esta tercera epopeya metiéndonos directamente en el lío en una de las batallas más impresionantes contra un enemigo final vistas nunca (y para que nos vamos a engañar, de las mejores en el juego también) espectacularidad por cada paso y mucha bestialidad.

En este primer contacto no podemos más que deslumbrarnos por su despampanante apartado técnico. Un modelado de Kratos elaborado a base de martillo y cincel, que en ocasiones contrasta con el modelado de los demás personajes, que no están a la altura de éste, gigantescos escenarios, gigantescos enemigos, unido a una orgía de visceras y litros de sangre. También contamos con una iluminación magnífica y unas texturas que no harán más que dejarte con la boca abierta. Técnicamente es, quizás, el mejor título aparecido nunca en consolas y sin duda el más espectacular.

Y es que el juego se podría resumir en eso, espectacularidad. Cuanta más sangre, brutalidad y bestialidad haya mejor.

Los enfrentamientos contra enemigos finales, ya sean dioses o criaturas mitológicas son sin duda los más elaborados de toda la saga, los más épicos, visualmente atractivos y alucinantes en sí que jamás hayas visto en juego alguno. Los enfrentamientos más destacados son contra los dioses y titanes, os quedaréis con la boca abierta en más de una ocasión, las batallas están elaboradas con maestría y el desarrollo de éstas es jugable y visualmente alucinante, remates finales incluidos en los que podréis deleitaros con escenas totalmente sangrientas que no se cortan en absoluto.

Los enfrentamientos contra enemigos “de a pie”son los más bestiales y divertidos de toda la saga y disfrutaremos como enanos reventando enemigos por todos lados, hay muchos más enemigos en pantalla, con una fluidez deliciosa y un sistema de combate más alucinante que nunca en el aspecto visual, pero carente de profundidad en comparación con títulos como Devil May Cry o Bayonetta, en sustitución de ello se apoya en un sistema mucho más asequible pero que gana en espectacularidad y brutalidad y hace los combates tremendamente adictivos y deleitosos, con una fluidez entre combos magnífica (incluso cuando hay hasta 50 enemigos en pantalla) pudiendo cambiar de arma en cualquier momento incluso en mitad de un combo, de entre las cuatro armas que conseguiremos a lo largo del desarrollo, que nos proporcionan nuevas habilidades y distintas magias, aunque en general tres de las armas resultan muy parecidas. Podremos coger a los enemigos y reventarlos a base de puñetazos o arrancarlos de cuajo, o usarlos de escudo “humano” para reventar a unos cuantos enemigos más por el camino. Simplemente impresionante.

La banda sonora que acompaña a las situaciones impresionantes y combates, es la misma básicamente que en los anteriores pero sigue siendo genial, por supuesto, añadiendo epicidad a los combates y a las situaciones sorprendentes de forma sublime.

Lamentablemente, esta gran mejora en lo que es la epicidad y brutalidad de los combates y situaciones espectaculares, se ve afectada en su desarrollo, mucho menos variado que en entregas anteriores y que contrasta en demasía con su anterior título God of War II, que combinaba de forma inmejorable todos esos aspectos que hacen grande a una aventura, combates, puzzles plataformas y un viaje épico e inigualable.

Esta tercera entrega no se sitúa a la altura directamente de su anterior en esos componentes aventureros centrándose mucho más en lo que es la espectaculariad y brutalidad instantánea, y en el gozo del derrotar enemigos con más estilo posible, al igual que en unos enfrentamientos contra enemigos finales increíbles. Sin embargo se queda por el camino ese componente aventurero del que hablaba, la mezcla existe, pero desequilibrada y dando la sensación de ser muy forzada metiendo algunas situaciones de puzzles y plataformas de forma menos fluida que en su anterior entrega dando más sensación de estar haciendo una cosa distinta a la norma general que rige el juego, y son sin duda los combates.

El desarrollo es algo irregular y si bien cuenta con situaciones espectaculares, son en esos momentos puntuales y no como conjunto como en God of War II en el que la situación espectacular era el juego en sí y su desarrollo unido a escenas que se quedaban grabadas en la retina, claro está, pero con unos ganchos entre estas situaciones mucho más logrado que el que vemos aquí. Y es que mientras caminábamos hacia nuestro destino, el juego contaba con multitud de puzzles, de plataformas aquí y allá de enemigos distintos a los que eliminar, escenarios fabulosos, y un viaje en sí épico e impresionante lleno de grandes y momentos y un genial desarrollo. Eso aquí no existe, y si bien el desarrollo engancha de lo lindo gracias a los distintos objetos y armas, aparte de los divertidísimos combates, no nos ofrece un desarrollo tan variado y rico en situaciones y variedad.

El conjunto del desarrollo en sí son combates a los que se le añaden de vez en cuando algunos puzzles y plataformas, catalogar como Beat’m up a este título no sería del todo un error, aunque tampoco estaría bien del todo, ya que pese a ser mucho más Beat’m up que los anteriores, en el fondo sigue siendo una aventura, pero mucho menos satisfactoria como aventura y más satisfactoria como Hack’n Slash, ciertamente.

Los puzzles que nos encontramos como he dicho anteriormente en ocasiones se ven forzados restando fluidez al desarrollo, esto se nota más un poco más avanzado en el título, ya que en su primera mitad puede dar la sensación de que logrará una buena mezcla como en el dos, pero poco a poco el desarrollo se va estancando y los puzzles se hacen notar en pocos momentos y de forma forzada. No son muy abundantes ni suponen un reto que nos haga pararnos a pensar demasiado. Tampoco es que supongan desafíos demasiado originales, en la mayoría de ocasiones copiando elementos de otros juegos (en algunos momentos más como guiño que otra cosa) y tampoco están bien implementados como desarrollo y argumento de la trama como si ocurría en los anteriores. En el primero existían una serie de desafíos, tanto físicos como mentales (o ambos) para poder conseguir la caja de Pandora, en el segundo estaban para llegar a las hermanas del destino, desarrollados de forma inteligente y muy adecuados al escenario y a la situación en sí, en definitiva, se veían totalmente justificados. Aquí se notan más gratuitos y no están tan bien implementados en la trama ni en los momentos en los que nos situáramos.

Las plataformas también son reducidas de forma drástica. Ya no solo son poco abundantes, si no que tampoco se mezclan con la acción como entregas anteriores ni suponen ningún desafío. (recordemos el Hades del primer God of War, un auténtico desafío plataformero) Las pocas con las que nos encontramos son para contribuir al espectáculo visual del juego (que es la parte clave del título) más que como parte de la jugabilidad resultando en ocasiones bastante automáticas por otra parte.

Un aspecto muy importante, y que puede parecer insignificante para algunos, es el escenario, la parte artística de éste, el diseño de niveles, la forma de enlazarlos, esos detalles que pueden parecer un extra por así decirlo a la hora de valorar un juego, aquí son vitales. El desarrollo poco variado es algo que se perdonaría si el escenario estuviera a la altura de los anteriores. Artísticamente se muestra decente en la mayoría de los casos, algo negativo siendo de esta saga, que siempre era excelente en este aspecto. Si bien algunos escenarios cumplen su cometido, otros sorprenden por su impresionante simpleza y vacío, resultando escenarios aburridos que por muy buena que fuera la jugabilidad en éstos, no estarías a gusto por la simpleza de los escenarios.

Se echan de menos más ciudades, más variedad y más escenarios exteriores en sí, ya que los interiores acaban cansando, al igual que una mayor inmensidad que nos hiciera realmente sentirnos pequeños ante un gran universo (el olimpo no creo que sea pequeño precisamente). Y por si no fuera poco, en la recta final repetimos muchos escenarios, y da la continua sensación de ida y vuelta, voy allí, vuelvo, ahora voy a otro lado vuelvo de nuevo…

Y ya el problema no es solo de la calidad artística de estos, si no de cómo están enlazados y los viajes que tenemos que realizar para llegar a ellos. En algunas ocasiones utilizamos portales que no vienen a cuento apareciendo en la otra punta del Olimpo, otras veces llegamos allí casi de casualidad en situaciones como que se caiga el suelo (aunque hay otros realmente emocionantes, como cuando volamos con las alas de Ícaro, aunque artísticamente resulten un tanto insulsos), que restan, y mucho, la epicidad en el viaje. No ocurre como en el primer juego en el que recorremos el templo de Pandora para llegar a la caja donde realmente nos cuesta trabajo conseguir nuestro objetivo y llegar hasta ese lugar representándose esos esfuerzos en un épico, o como en el segundo donde pasamos por una gran variedad de lugares para conseguir llegar a las hermanas del destino, donde ocurre lo mismo, una épica aventura en pos de lograr llegar a nuestro objetivo.

Aquí todo esto se reduce totalmente, y nos ofrecen las mayores facilidades para llegar a nuestro objetivo, para luego centrarnos en las situaciones que se ofrecen como más importantes, aquí se desprecia totalmente el viaje y es otro de esos aspectos que restan el componente aventurero al juego, y quizás el más importante de todos.

Todos estos detalles hacen que la relación personaje-escenario disminuya estrepitosamente y no nos sintamos tan dentro de este mundo de la mitología griega como sí ocurría con mucha más soltura en los anteriores, en los que el escenario formaba una parte esencial del título, cosa lógica cuando un juego intenta recrear una época, y al final da sensación de ser una sucesión de salas con escenarios decorativos con poca cohesión entre ellas. En resumidas cuentas, se le resta epicidad y ambientación a la aventura para añadírsela al espectáculo, el que prefieras uno de los dos aspectos ya es cuestión de gustos, pero en mi opinión una gran aventura siempre va a ser mejor que toda la pirotecnia y efectismo del mundo, pero no hay duda de que esto segundo se logra con creces.

Al ser el final de una trilogía esperaba un gran empeño en el argumento del juego, y hay que decir que si bien se ve un argumento con intenciones de ser algo grande (en contraposición del anterior en el que la historia era algo bastante más secundario) cojea en bastantes aspectos que hace que la historia no sea todo lo buena que debería haber sido. Tiene algunos buenos momentos y unos personajes interesantes (aunque para que nos vamos a engañar, el mérito no es suyo si no de la mitología griega escrita hace ya miles de años ) pero que tiene puntos flacos. Los diálogos no están todo lo elaborado que podrían estarlos haciendo las conversaciones algo insípidas y mal expresadas en numerosas ocasiones.

En los diálogos, por supuesto, influye el doblaje. El español, ¿para qué engañarnos? es malo, sobreactuación absurda de algunos personajes, mala entonación, actores mal escogidos que no pegan con los personajes etcétera, lo mejor será pasar al inglés, que si bien no es en absoluto ninguna maravilla, cumple mejor con su cometido, las voces están mejor escogidas, las actuaciones resultan algo mejores, [pero en absoluto de Óscar, aunque hay alguna aparición estelar como la de Malcolm McDowell (La Naranja Mecánica) añadiendo su voz a un personaje secundario], y  en definitiva resulta más satisfactorio.

El guión en sí es extenso y trabajado en algunos puntos, e incluso encontraremos algunos escritos de personajes que estuvieron en ese lugar en otro momento y levanta el mínimo interés como para continuar, pero escoge pocos elementos de propia cosecha narrando principalmente algunos elementos que o bien ya sabíamos de otros God of War o bien están directamente copiados de la mitología griega y trasladados al juego, algo que sería perfectamente aceptable, pero no está llevado con la misma brillantez que en el primero (el único que de verdad tiene personalidad y encanto en su historia, pese a que me encante el segundo) Los pocos elementos “de propia cosecha” por así decirlo residen en la recta final y en algunas modificaciones de esta mitología y algún que otro momento particular en el curso de la historia, pero resultan fallidos, dando a un último cuarto de historia tremendamente visto y cursi, y a la moraleja de turno, que podría haber sido algo más trascendente con facilidad, ya que tenía ingredientes para ello.

Tiene buenas ideas pero que se ven destruidas por una mala narración con prisas que hacen que no disfrutes la historia mientras la estás viviendo y que posiblemente tras dejar el juego la recuerdes y pienses… “Podría haber sido mucho mejor” Se sitúa lejos del argumento del genial primero, llevado con mucha más brillantez y una mucho mejor narrativa, pero supera al segundo en este aspecto, por la principal razón de su escasa historia y mala narración de éste, que aunque éste conserva una narración mala igualmente (incluso peor) tiene una línea argumental con más profundidad, y algunos buenos momentos que llevados con más maestría podrían haber llegado a emocionar.

Concluyendo. God of War es un juego que se sitúa por debajo de la segunda entrega en su aspecto esencial, la variedad en la jugabilidad y el desarrollo regular, y por debajo de la primera en encanto y personalidad, acabando siendo un juego más insustancial tanto en la variedad jugable como en la profundad argumental. Sin embargo, si no tomamos en cuenta sus entregas anteriores que se sitúan en el olimpo de los videojuegos (nunca mejor dicho) tenemos a un gran juego, tremendamente adictivo y divertido en todo momento, muy muy espectacular y brutal, con uno de los mejores apartados técnicos nunca vistos en consola, con situaciones que se te quedarán grabadas en la retina.

Un juego muy recomendable en definitiva que sabe enganchar a base de tortazos y mucha, muchísima bestialidad característica de Kratos, y situaciones inolvidables.

Es posible que no sea tan atemporal como los anteriores y que dentro de unos años, cuando el hardware haya mejorado sustancialmente, lo probemos y no nos cause las mismas sensaciones que si podemos sentir actualmente con el resto de la saga, pero no cabe duda de que resulta un producto satisfactorio y divertido al que no hay que buscarle profundidad, sino simplemente disfrutar el tiempo que estemos jugando y aseguro que no es difícil hacerlo.

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